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Mostrando entradas de octubre, 2025
  El Apocalipsis de los huesos de santo y cómo Halloween invadió el barrio Bueno, pues nada, ya ha llegado el culebrón de todos los años : “que si Halloween es una fiesta de fuera”, “que si se está perdiendo nuestra cultura”, “que si ahora los niños ya no saben lo que es un hueso de santo”. En serio, cada octubre parece que España se divide entre los que tallan calabazas y los que tallan prejuicios. Pero vamos a ver, alma de cántaro: ¿a quién le amarga una fiesta? Que por disfrazarme el día 31 de zombie con pegamento escolar no significa que el 1 no le ponga una flor a mi abuela. Creo que se puede hacer las dos cosas, que la vida no es un examen tipo test. ¿Por qué siempre hay que elegir entre blanco o negro? Yo me quedo con los dos, guapi, que me hago unos grises que ya quisiera Chanel para su colección otoño–invierno. Pero claro, aquí siempre hay que debatir quién fue primero y quién copió a quién, como si Halloween y Todos los Santos fueran las Kardashians y las Jenners....
  De casa al cole A ver, hoy me he propuesto hablar en serio de un tema de suma gravedad. Un asunto que afecta a nuestros hijos y por ende, a toda la sociedad. Hoy voy a reflexionar sobre el bullying en las escuelas. Permitidme ser clara: hoy no estoy de coña y esto no creo que sea una exageración. No es un tema menor que podamos barrer bajo la alfombra. Es algo tan importante que, si lo ignoramos, podríamos convencernos de que vivimos en un mundo perfecto, como pretenden algunos. Y, curiosamente, ese es exactamente el mensaje que recibimos de algunos adultos supuestamente responsables: “Tranquilos, todo está bien, son cosas de críos”. ¡Ah, qué alivio! Saber que los problemas más serios de nuestros hijos se pueden resumir con esa frasecita tranquilizadora… mientras ellos sufren en silencio. Fantástico, ¿verdad? Pero ¿sabes que?, que detrás de ese “son cosas de críos” hay un pequeño detalle que nadie quiere mencionar: los acosadores no nacen malvados . No, por supuesto que no, ...
  El día que la Guardia Civil quiso saber mi nombre Hola, querid os. Seguro que os pasa como a mí, porque no sé qué está pasando últimamente, pero o me he vuelto famosa sin saberlo, o soy la mujer más deseada por los estafadores de internet. Y es que, por desgracia, esto ya es pandemia mundial, que cada día n uestro móvil decide sorprender n os con un nuevo episodio de “A ver qué intento de estafa me toca hoy” . Es como el calendario de Adviento, pero en vez de chocolatina, te trae ansiedad. El clásico, por supuesto, es el de “Su paquete de Correos ya está esperando. Pinche aquí” . Y tú piensas: “Hombre, pues si me lo manda Correos, será verdad, ¿no?”. Pero claro, llevas sin pedir nada desde el confinamiento, cuando creías que aprenderías a hacer pan. O sea, que ese paquete lo mismo viene de 2020 y trae dentro la dignidad que se perdió haciendo TikToks de bailes con la fregona. Luego está el mensaje romántico internacional: “Hola, soy Ludmila, vivo en Rumanía, soy una jove...
  Yo no soy envidiosa pero... Jo … pero mira qu e es mala es la envidia . Ese motor silencioso que mueve el mundo más que el amor, la gasolina o el café de cápsulas. Mas que mala es ¡maléfica! Es como la mayonesa pasada: sabes que te va a sentar como una patada en el alma, pero ahí estás, cuchara en mano, rebañando el tupper. Y además de mala… ¡carísima! Pero carísima, eh. Es que no hay inversión más ruinosa que la envidia. Yo lo comprobé el otro día, sin ir más lejos. Resulta que voy yo, tan tranquila, tan zen, a la tienda de una amiga mía en el mercado del Corregidor. Por cierto, por favor , id más por allí, que da penita verlo. Eso parece el plató de “Cuarto Milenio”: puestos cerrados, ecos misteriosos y la sensación de que te va a salir Iker Jiménez detrás de un jamón. Con lo bien que te atienden y se compra allí, ¡hombre ya! Que te dan la s pastas con conversación incluida y la carne con un “¿qué tal tu madre?”. Bueno, el caso: estoy yo esperando mi turno, muy en mi ...
  Todo lo malo, por lo visto, es español Ayer fue 12 de octubre… Día de la Fiesta Nacional de España. Antes llama d a Día de la Hispanidad, antes Día de la Raza, y antes… bueno, antes supongo que era martes. Cada cierto tiempo le cambian el nombre, como si fuera un grupo de WhatsApp: “12 de octubre  (nuevo nombre otra vez)” . El caso es que siempre me ha parecido un día perfecto para lo que más nos gusta a los españoles: no trabajar . Fiesta, puente, y a descansar la patria. Pero últimamente, oye, he escuchado tanta tontería sobre el tema que me dije: “vamos a reflexionar un poco”. Y reflexionando me di cuenta de algo preocupante: resulta que todo lo malo de la historia, últimamente, lleva la etiqueta “España”. Si hay conquista, los malos son los españoles. Si hay un virus que arrasa el planeta, ¡toma! “Gripe española”. Si un español se cae por las escaleras… seguro que fue por culpa del Imperio. Madre de Dios, vamos a tener que dar gracias al pangolín. Ni la peste negr...
  Domingo aburrido, noticias y otras formas de tortura moderna “ Domingo por la tarde… ese momento mágico en que el mundo se detiene, las calles se vacían y tú te quedas en casa, mirando al infinito, pensando: ‘¿Qué he hecho yo para merecer esto?’ . Bueno, pues yo ahí estaba, en plan “reina del sofá”, con la tele de fondo, cuando se me han ido los pollos a patinar y me he quedado sola con mi s pensamiento y ¡zas! Ahí ha llegado, de repente, sin avisar un a notici a que he escuchado en la radio esta mañana, que no le había prestado atención, pero por lo visto se me ha quedado por ahí pululando . A tención al caso : “¡El aceite de oliva va a subir! Porque este año ha sido muy seco y la producción va a bajar”. Claro. Seco, seco, como el humor británico. Y yo escuchando eso pensando: ¿Perdona? ¿Seco? Si este año ha llovido más que en el diluvio universal, un arca estaba yo preparando en primavera. Vamos, que a mí me han salido nenúfares en el patio y hasta tengo caracoles...
  Cuidadito pequeñuelos, hay una nueva Mari en el corral Ay, las Maris… LAS MARIS. Mis queridas, idolatradas, envidiadas y, sobre todo, secretamente temidas Maris. Porque sí, queridos, todos hemos visto alguna vez a una Mari en acción y hemos sentido ese sudor frio recorriéndonos la espalda. Son como las jefas finales de un videojuego: te las encuentras en el súper, en el banco o en la frutería y sabes que, si se ponen serias, no hay cajera, ni funcionario, ni decreto ley que pueda con ellas. Esas heroínas del día a día que, aunque lleven la permanente más apretada que el moño de una folclórica en pleno directo de TVE, se plantan en la vida con la seguridad de quien ya ha sobrevivido a todo: guerras, crisis económicas, bodas de tres días, comuniones con marisco sospechoso, reuniones de vecinos y al mismísimo Ikea. Y han salido vivas. Y encima con la vajilla intacta, los muebles montados y la dignidad por las nubes. Las Maris. Esas mujeres que tienen un currículum que ni la NAS...