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  San Patricio: mentiras, cerveza y un duendecillo rojo Hola, queridos. Hoy es 17 de marzo y, sinceramente, si a estas alturas no sabes qué se celebra… no sé, revisa el calendario, revisa tu vida o revisa tus amistades. Porque sí, efectivamente, hoy es el Día de San Patricio. Ese día en el que, de repente, todo el mundo descubre que tiene un 0,3% de ADN irlandés y decide vestirse de verde como si fuera un semáforo con resaca. Porque hoy toca tréboles, cerveza, gente vestida como duendes y una cantidad cuestionable de dignidad en la vía pública. Todo muy espiritual, todo muy recogido… como buen origen religioso que tiene la cosa. Porque sorpresa: esto no empezó como una excusa para beber cerveza verde. Qué impactante no? Venga, vamos al salseo histórico. San Patricio, nuestro protagonista, no era ni irlandés. ¿Cómo te quedas? Nació en Gran Bretaña a finales del siglo IV, en plan familia cristiana formalita. Todo bien, todo correcto… hasta que con 16 añitos le secuestran unos i...
  Manual para odiar correctamente Hola queridos. Sí, ya lo sé, ya lo sé… llevo siglos sin aparecer por aquí. Meses, a ños emocionales, u n silencio casi monástico. Pero sinceramente, ¿para qué iba a hablar? ¿Para repetir exactamente lo mismo de siempre? Porque en este país uno puede desaparecer seis meses, volver… y encontrarse exactamente la misma función, los mismos actores y el mismo guion rancio . Es como una serie que ya cancelaron en tu cabeza pero que sigue renovándose temporada tras temporada porque alguien insiste en producirla. España es un poco como esa rueda de hámster política donde todos corremos muchísimo, opinamos muchísimo, discutimos muchísimo… pero el hámster sigue exactamente en el mismo sitio. Bueno, miento, casi siempre el hámster está peor. Más cansado, m ás mareado, p ero oye, correr corremos. Y arriba, en las alturas del Olimpo político, parece que están encantadísimos con el sistema . Ellos cómodos, climatizados, con su catering institucional y sus ...
  De los heavys a los hombres lobo Hola queridos, criaturas del algoritmo, flores del WiFi y víctimas del scroll infinito. Hoy vengo a hacer un ejercicio de arqueología humana: demostrar, sin ningún tipo de filtro ni dignidad, lo VIEJUNA que soy y lo exageradamente afortunada que fui al nacer en 1975 . Sí, cuando el Ebro solo tenía una orilla y el mayor hallazgo tecnológico era que el VHS se rebobinaba solo. Os pongo en situación. El otro día voy a recoger a mis hijos al cole, ese safari diario donde una ya va mentalizada como quien entra en una reunión de la ONU pero con mochilas con ruedas y, como siempre, de camino a casa me van contando sus aventurillas mañaneras. Que si uno ha traído galletas sin gluten, que si otro ha suspendido mates pero con autoestima alta, que si la profe ha dicho “chicos y chicas y chiques y chiquis y entidades conscientes”. Y de repente, mi hijo mayor suelta: —Mamá, ¿sabes lo que ha hecho un therian ? Perdón. ¿Un qué? ¿Un trapero? ¿Un entrenad...
  Escaños vacíos y maletas guardadas Hola, queridos. Poneos cómodos porque hoy vengo en modo diva fiscal ofendidísima pero elegante. Como ya os conté en otro episodio de “Autónoma al borde de un ataque trimestral”, cada tres meses me entran unas ganas irrefrenables de hacer la maleta, coger mi dignidad, mi portátil y largarme de este país con la misma energía con la que Beyoncé abandona el escenario tras un bis. Dramática, sí. Exagerada, también. Pero puntual con mis impuestos, siempre. Claro, mi marido no me tomaba en serio. Él estaba ahí, tranquilo, asalariado, con su nómina entrando religiosamente cada mes, viviendo en esa fantasía maravillosa llamada “retención automática”. Hasta que el otro día ocurrió. El despertar. El momento Matrix. Está él mirando su nómina, frunce el ceño y me dice: —Oye… este número que hay aquí al lado de mi sueldo… ¿qué es? Y yo, con mi mejor risa irónica, esa que mezcla ternura y ganas de decir “ay, criatura”: —Cariño… ese es tu sueldo. El de v...
  El suelo es lava Oh-Dios-mío. Queridos todos, hoy comparezco ante vosotros, metafóricamente subida a una caja de fruta, con bata de boatiné indignada ondeando al viento, para anunciar que HE LLEGADO AL LÍMITE DE MI PACIENCIA. Ese límite del que tanto se habla, ese que crees que es infinito… hasta que un día resbalas a dos centímetros de casa y ves tu vida pasar en cámara lenta. A ver, voy a explicarme despacito, que vengo con la vena del cuello latiendo al ritmo de un tambor tribal. Seguro que todos habéis oído ese dato tan moderno, tan europeo, tan de conversación de brunch: “En España hay más perros que niños.” Estupendo. Maravilloso. Nada dice “sociedad avanzada” como discutir si tu perro es intolerante al gluten mientras tú cenas cereales. El país avanzando hacia un futuro donde los parques infantiles serán sustituidos por circuitos de agility y los columpios tendrán dispensadores de bolsitas biodegradables. Pero no. Ese no es el dato que me tiene al borde del colapso ne...
  EGB: la última generación autosuficiente Hola, queridos. Y hoy, especialmente, un abrazo enorme, de esos que crujen vértebras, recolocan lumbares y te dejan pensando “igual esto no era buena idea”, a toda esa generación gloriosa que conoció la televisión en blanco y negro. Sí, vosotros, los elegidos, los supervivientes, los que cuando alguien grita “¡tigres, tigres!” respondéis automáticamente, sin pensar, sin dudar y con orgullo patrio: “¡leones, leones, todos quieren ser los campeones!”. Efectivamente. Si has contestado mentalmente esa frase, ya estás dentro, no hay vuelta atrás. Ya sabes de qué va esto. Ya hueles el Nenuco, la mercromina que escocía solo con mirarla, el bocadillo aplastado de nocilla en la mochila y e se trauma infantil compartido que hoy nos une más que lazos de sangre . Vamos a hacer un pequeño viaje en el tiempo. Ajusta el cinturón, ponte el chándal de tactel y acompáñame a nuestra más tierna infancia, cuando íbamos a EGB (Educación General Básica...
  Cuando morir entra en el presupuesto Hola queridos. Hola desde el púlpito del cinismo institucional, desde el atril de las condolencias en diferido, desde ese lugar cómodo donde se habla cuando ya no sirve absolutamente para nada. Como manda el guion, como dicta el protocolo emocional prefabricado, como exige el manual plastificado de “qué decir cuando el daño ya está hecho” , mis primeras palabras de hoy y qué menos, faltaría más, van en apoyo a las familias de los fallecidos, a las de los heridos, y por supuesto a todas las llamadas “víctimas colaterales”: los que salieron ilesos pero rotos, los que ayudaron sin chaleco ni cámara, los que vieron, los que escucharon, los que entendieron en segundos lo que otros se empeñan en no entender en años. Porque sí, claro que cuentan. Cuentan… durante 48 horas, luego estorban, luego incomodan, luego ya son mala prensa. Y es que, qué casualidad tan incómoda, esto estaba cantado . No como una profecía mística, no, cantado como se cantan...