Del murciélago al ratón: la secuela que nadie pidió
Hola queridos ¿cómo estáis? Porque... yo ya sé perfectamente lo que estabais pensando todos estos días. “Pero bueno… ¿esta mujer dónde se ha metido? ¿Por qué no habla del tema? ¿Se habrá echado ya al monte escapando de los seres humanos para vivir en una cueva abrazada a una cabra? ¿La habrá secuestrado un topillo rojo sindicalista? ¿Se habrá contagiado del hantavirus mientras acariciaba a su hámster ruso?”
Pues NO, queridos. Aquí sigo, viva, respirando. Lo que he estado haciendo estos días ha sido escuchar muchísimo, leer todavía más, investigar, buscar información, comparar datos… y sobre todo desarrollar un nivel de sospecha que ya mismo me convierte oficialmente en suricata de élite. Porque a estas alturas de la película, cuando los medios empiezan con el “ALERTA”, “PELIGRO”, “PREOCUPACIÓN INTERNACIONAL”,“PODRÍA LLEGAR A ESPAÑA”,“EXPERTOS MUY PREOCUPADOS”, a mí automáticamente se me activa el modo animal del desierto: orejas tiesas, ojos abiertos como platos, cuello extendido mirando al horizonte, mirando alrededor como diciendo: “A ver… ¿dónde está la trampa?”, “a ver dónde está el negocio”
Porque vamos a empezar por el principio queridos, que esto es importante. Resulta que este virus… nuevo, lo que se dice NUEVO… pues no es precisamente. No es que ayer un científico en un laboratorio mezclara un murciélago con un yogur caducado y una batería Duracell y apareciera esta maravilla biológica. No. El hantavirus lleva entre nosotros más tiempo que muchos matrimonios estables, hipotecas y grupos de WhatsApp que ya nadie soporta pero nadie abandona por educación.
De hecho, durante la Guerra de Corea, entre 1950 y 1953, más de 3.000 soldados enfermaron de una fiebre hemorrágica rarísima que nadie sabía muy bien qué demonios era. Imaginaos la escena, los pobres soldados ahí diciendo: “Oye, que aparte de la guerra me estoy muriendo por culpa de un ratón”. Tremendo. Tú pensando que el enemigo era otro ejército y al final te derrota Remy de Ratatouille. Luego ya, a finales de los años 70, identificaron el virus oficialmente y dijeron: “Ah mira, pues era esto”. Le pusieron nombre, apellidos, árbol genealógico y prácticamente cuenta de Instagram.
Y el nombre viene del río Hantan, en Corea del Sur, donde aislaron por primera vez este dichoso virus. O sea, que esto no salió ayer a las 5 de la tarde. Esto lleva décadas circulando por el planeta como ese amigo pesado que aparece en todas las celebraciones aunque nadie le invite.
Pero claro… aquí ahora nos lo están vendiendo como si acabaran de descubrir al demonio microscópico definitivo. “EL NUEVO VIRUS”. “LA NUEVA AMENAZA”. “EL ENEMIGO INVISIBLE”. “MUTACIÓN LETAL”.“MÁXIMA PREOCUPACIÓN”. Mira cariño… invisible sí, nuevo, pues tampoco nos vengamos arriba.
Y ojo, porque otra cosa importantísima: esto no está solamente en Sudamérica como nos quieren vender algunos. NO. Esto está en Europa también. Sí, sí. Tenemos nuestros propios ratones premium edición continental. El topillo rojo y el ratón de cuello amarillo. Maravilloso. Disney no te cuenta estas cosas, ¿eh?
Aquí en Europa llevan décadas causando enfermedades y los nombres son maravillosos también: fiebre hemorrágica con síndrome renal. Que ya el nombrecito no es amable. Porque los virus no dicen “buenos días”. No. Les ponen nombres que parecen títulos de películas apocalípticas protagonizadas por Nicolas Cage sudando muchísimo.
Pero espera, porque luego está la versión sudamericana. Ahí ya dijeron: “Sujetadme el mate”. Porque aparece la cepa Andes, en Argentina y Chile, y esa sí que es la más seria. La que puede transmitirse entre personas bajo contacto estrecho. O sea, el virus dijo: “Voy a desbloquear funciones nuevas.”
Y aun así… aun así… atención al detalle importante, en esas zonas donde esto existe desde hace años, donde conviven con el famoso ratón colilargo haciendo sus cosas de ratón… viviendo su vida… meando donde le da la gana… pues la gente sigue viviendo NORMAL. Sí, queridos. NORMAL.
No hay Mad Max. No hay señoras con casco de moto comprando treinta kilos de arroz. No hay gente corriendo por la calle envuelta en papel film. No hay personas peleándose en supermercados por el último paquete de papel higiénico. No hay un ejército persiguiendo ratones con lanzallamas.
En Argentina, por ejemplo, hubo101 casos el año pasado y 32 fallecidos. En Chile también hubo casos, 39 en concreto y 13 fallecimientos. La letalidad es alta, sí. Eso es cierto. Si lo pillas, no es precisamente una gripe con miel y limón. Pero aun así… la vida continúa. La gente trabaja, sale, compra el pan, hace barbacoas, va al súper, discute en pareja... Nadie está encerrado en un bunker abrazando latas de atún.
Y ahora viene lo divertido.
Resulta que aparece un crucero con ocho casos. OCHO. Y automáticamente parece que se han abierto las puertas del Apocalipsis y vienen los cuatro jinetes montados en ratones gigantes. Ya empiezan algunos: “Mascarillas”. “Protocolos”. “Restricciones”. “Confinamientos preventivos”. “Control sanitario”. Y ahí está, Fernando Simón apareciendo detrás de una cortina diciendo “esto va a ser una cosa de dos o tres casos”. Claro que si guapi, como la última vez. Porque si algo trasmite este hombre es TRANQUILIDAD
Y claro… internet hace lo suyo, porque internet es maravilloso. Tú entras buscando “dolor de cabeza”… y sales convencida de que tienes tres enfermedades tropicales, un parásito ancestral y aproximadamente doce minutos de vida útil. Pues aquí igual.
Ya hay gente preparandose psicológicamente para volver a pelearse por el último paquete de harina y empezar a fabricar pan como si fueran panaderos medievales. Porque no sé qué conexión espiritual existe entre una pandemia y amasar harina compulsivamente, pero oye, ocurre. Encierro mundial = masa madre.
Y ahí es cuando yo hago así… modo suricata ACTIVADO de nuevo porque a mí ya me empieza a oler raro el asunto. Porque últimamente solo escucho una frase constantemente: “No tenemos vacuna”. “No existe vacuna”. “No hay vacuna disponible”.
Porque… ¿cómo que no hay vacuna? ¿Qué clase de tragedia es esta? ¿Qué terribles horrores ocurrirán? ¿Cómo sobreviviremos? ¿Cómo podremos continuar nuestras miserables vidas sin una nueva inyección salvadora patrocinada casualmente por empresas que facturan más dinero que algunos países?
Qué casualidad, ¿no? Porque esto lleva décadas existiendo, décadas. Y ahora de repente el gran drama mundial parece ser que NO HAY VACUNA. No el virus. No los casos. No los ratones ninja infecciosos. No. El problema parece ser que todavía no existe “el producto redentor”.
Y yo ya me imagino perfectamente la reunión.
“Señores… la población está demasiado tranquila y nos están bajando las ventas.”
“¿Qué propones?”
“No sé… ¿y si repetimos constantemente que podrían morir?”
“Brillante, Pfaizer. Súbele el dramatismo, añade gráficos rojos y un experto señalando pantallas.”
Porque ya no sé qué pensar. De verdad os lo digo. Yo ya desconfío hasta de mi sombra. El otro día vi un ratón cruzando la calle y automáticamente pensé: “Mira, un delegado comercial farmacéutico”.
Y ojo, que no digo que el virus no exista. ¡Claro que existe!. Igual que existen un montón de enfermedades chungas desde hace décadas. Lo que digo es que la manera en que ciertas cosas pasan de “tema médico” a “espectáculo mundial patrocinado por el miedo” me da una mala espina que no puedo con ella.
Porque siempre es el mismo guion. Primero el miedo, luego el caos, después el bombardeo mediático y finalmente aparece la solución mágica presentada casi como si Moisés hubiera bajado del monte con ella envuelta en papel de regalo y música celestial. Y mientras tanto tú en casa diciendo: “Pero si hace una semana yo estaba tranquilamente viendo recetas de croquetas en TikTok”.
Así que sinceramente, queridos… no sé ya qué pensar. Solo sé que cada vez que en televisión empiezan con musiquita dramática y frases como “alerta sanitaria”, “neuva amenaza”, “virus mortal”, “expansión preocupante”, “expertos alarmados”, “especial atención a niños y mayores”…… yo automáticamente abro los ojos y observo.
Así que, queridos, decidme… ¿qué sensación os da todo esto? ¿Soy yo que ya veo conspiraciones hasta en los documentales de ardillas? ¿O también notáis ese tufillo raro en el ambiente? Y por si acaso… guardad bien el queso, nunca sabes cuándo un ratón puede aparecer convertido en delegado comercial del apocalipsis.
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