Historia frente a Fiesta de interés turístico nacional
Hola queridos, hoy vengo a hablaros de una de las cosas que más me fascinan de la humanidad: nuestra capacidad para convertir cualquier acontecimiento histórico en una mezcla entre drama bélico, propaganda institucional, folklore gastronómico y absoluta fantasía colectiva… todo convenientemente servido con vino casi gratis.
Porque sí, como muchos sabéis, soy de Logroño, esa pequeña ciudad del norte de España donde la semana que viene entramos oficialmente en ese estado mental conocido como: “voy vestida de medieval, llevo una bota de vino en la mano y estoy dispuesta a emocionarme con una bandera dando vueltas como si acabáramos de conquistar Mordor”.
Hablemos de las Fiestas de San Bernabé. El 11 de junio celebramos al patrón de Logroño, San Bernabé, en una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional halla por el 2015. Y antes de que nadie venga con el discurso épico, permitidme presentaros dos versiones simultáneas de la realidad:
La
versión oficial:
Logroño,
año 1521. Un puñado de ciudadanos heroicos, valientes, nobles,
probablemente guapísimos y con mandíbula perfectamente esculpida,
resisten durante días el feroz asedio de un gigantesco ejército
francés de dimensiones casi bíblicas. Sin apenas comida, sobreviven
gracias a su ingenio y astucia, pescando furtivamente en el Ebro por
las noches, haciendo pan con trigo escondido y resistiendo con el
valor de quien mira a la muerte y le dice: “pues hoy tampoco”.
Finalmente, el 11 de junio, gracias a la valentía y aparentemente el
apoyo celestial premium, el enemigo se retira.
Suena precioso, suena cinematográfico, suena a serie de Netflix de presupuesto alto. Ahora viene la otra parte. Pero, qué se celebra hoy realmente? A continuación la versión sin maquillaje queridos:
Las fiestas actuales celebran una recreación épica de la resistencia de Logroño frente al asedio franco-navarro de 1521. Es decir: durante unos días transformamos el casco antiguo en un parque temático renacentista, nos vestimos de época, bebemos vino desde una hora socialmente cuestionable y fingimos colectivamente que todos sabemos lo que pasó.
Y aquí empieza la magia. Porque las fiestas modernas funcionan sobre un principio maravilloso: mezclar un poquito de historia, bastante mito, varias capas de propaganda histórica y toneladas de tradición popular hasta que ya nadie distingue si está celebrando un hecho militar o un enorme historia de ficción municipal.
Punto 1: ¿Qué pasó supuestamente? Lo que te cuentan: Que Francia decidió atacar Logroño porque sí. Porque claro, uno se levanta un martes de 1521 y piensa:
—Cariño, ¿invadimos una ciudad riojana?
Entonces aparece un ejército francés colosal de unos TREINTA MIL soldados (sí, casi como si vinieran a grabar Los Vengadores: edición renacentista), y la ciudad, pequeñita pero orgullosa, resiste heroicamente durante 17 días gracias al espíritu colectivo del pueblo. Todos unidos, valientes, claramente preparados para morir por la patria. Muy emocionante.
Lo que realmente pasó: Logroño ni siquiera era el protagonista principal de la película. Era geopolítica pura y dura. Resutla que el ejército franco-navarro de André de Foix, señor de Asparros, estaba metido en la guerra entre Carlos I y Francisco I y su objetivo político real era recuperar Navarra.
Logroño era básicamente el checkpoint incómodo de Castilla. Un “hay que pasar por aquí”. No el centro emocional del universo, no una obsesión francesa, no el Mordor riojano. Simplemente una plaza estratégica fronteriza. Y además: los famosos 30.000 malignos soldados franchutes… Bueno. Cómo decir esto delicadamente sin herir sensibilidades... Eran bastantes menos. Muchísimo menos. La documentación militar apunta más bien a entre 8.000 y 11.000 hombres, la mayoría encima mercenarios navarros. Que siguen siendo muchos, sí. Pero ya no parece la escena de El Señor de los Anillos donde el horizonte entero son enemigos y un violinista toca mientras tú pescas anguilas clandestinas.
Punto 2: El asedio eterno… que no fue tan eterno
Lo que te cuentan: Diecisiete días de sufrimiento absoluto!! Ciudad encerrada. Hambre. Heroísmo. Supervivencia extrema. Madres abrazando niños. Gente jurando morir por su rey mientras suena música épica imaginaria.
Lo que realmente pasó: El cerco militar serio duró aproximadamente una semana, el bombardeo intenso con artillería, unos pocos días. Y aquí viene un detalle que mata bastante el relato hollywoodiense: mantener 30.000 soldados durante casi tres semanas junto al Ebro habría sido un desastre logístico monumental. Vamos, que ni con un Amazon Prime medieval.
Punto 3: El pueblo unido jamás será vencido (o eso dicen)
Lo que te cuentan: Todo Logroño se reúne en un gran Concejo Abierto. El pueblo unido decide resistir. Democracia participativa medieval. Vecinos emocionados jurando defender la ciudad. Abrazos, discursos lacrimogenos, una señora diciendo: “Antes muerta que francesa.”
Lo que realmente pasó: No hubo asamblea democrática épica, las decisiones, como siempre, las tomó la élite local, en despacho, por supuesto, entre autoridades. Como prácticamente todo en el siglo XVI y sucesivos. La población obedeció órdenes y además existía bastante miedo, porque el año anterior la ciudad había coqueteado alegremente con la revuelta comunera. Y claro, cuando el emperador puede enfadarse contigo, de repente el patriotismo parece muchísimo más convincente.
Punto 4: El pez, el pan y el vino, aqui “MasterChef: Asedio Edition”
Lo que te cuentan: Los franceses bloquean completamente la ciudad, asi que los logroñeses, auténticos ninjas medievales, salen de noche a escondidas al Ebro, pescan peces en absoluto sigilo bajo un ejército enemigo armado con ballestas y arcabuces, vuelven vivos, hacen pan secreto y sobreviven heroicamente. Todo muy Ocean’s Eleven pero con truchas.
Lo que realmente pasó: Aquí el mito entra ya en terreno fantasía premium, porque pescar tranquilamente bajo un campamento enemigo vigilando el río habría sido una forma estupenda de morir. “¿Qué haces?” “Pesco.” arcabuzazo que te comes. Es lo que hay. Además, el sitio real fue demasiado corto como para provocar una hambruna seria y la ciudad tenía reservas.
El famoso reparto del pez, pan y vino apareció siglos después ligado a caridad religiosa y la cofradía del pez y terminó fusionándose con el relato épico. Pero oye. ¿Te van a dar pescado frito y vino? Pues claro, nadie pregunta demasiado.
Punto 5: Las inundaciones dignas de una película de espías
Lo que te cuentan: Los logroñeses, genios tácticos, salen por la noche y manipulan acequias para inundar el campamento francés. Pólvora arruinada, caos, soldados ahogados mientras dormian. Francia derrotada por ingeniería hidráulica riojana.
Lo que realmente pasó: Queridos, llovió muchísimo. Fin. Literalmente. La primavera fue especialmente lluviosa y el campamento estaba en una zona mala. Barro, agua, problemas logísticos. No una operación secreta dirigida por agricultores convertidos en estrategas militares.
Punto 6: San Bernabé, patrón oficial por… casualidad cósmica Y aquí llegamos a mi parte favorita.
Porque si alguien cree que San Bernabé bajó del cielo espada en mano, siento decepcionar.
Lo que te cuentan: San Bernabé protegió invisiblemente las murallas. Inspiró a los ciudadanos. Guiñó un ojo celestial. Movió energías. Intervino. Básicamente ese plus divino siempre tan necesario y oportuno.
Lo que realmente pasó: El ejército se retiró el 11 de junio así que miraron el santoral y… Ese día tocaba San Bernabé. Fin, punto pelota, ese es el origen. No apareció, no combatió, no lanzó rayos pichicósmicos, no multiplicó peces estratégicos. Fue un:
—¿Qué santo cae hoy?
—San Bernabé.
—Perfecto, ese mismo.
Un año después se firma el famoso Voto de San Bernabé, porque en el siglo XVI las victorias militares se atribuían a la gracia divina. Entonces se decide: “Vale, misa anual, procesión y fiesta.” Y con el tiempo apareció la narrativa milagrosa. Que sinceramente admiro porque el marketing religioso siempre entendió el storytelling.
Y aquí viene el dato más maravilloso: si los franceses se hubieran ido un día antes o un día después, hoy estaríamos emocionándonos con otro santo completamente random. Imagínate décadas repartiendo pez frito bajo el patrocinio accidental de otro señor del calendario litúrgico. La historia es bellísima.
Punto 7: Los banderazos o cómo convertir un juramento de obediencia en un símbolo de libertad. Ah, los banderazos. Ese momento solemne donde el alcalde ondea la bandera mientras todos guardan silencio como si se estuviera activando una reliquia ancestral.
Lo que te cuentan: Representan el orgullo de un pueblo libre. La victoria. La independencia. La ciudad proclamando: “Jamás nos rendiremos.”
Lo que realmente pasó: El gesto viene de un antiguo ritual castellano de fidelidad al rey. Cada vez que moría un monarca y subía otro, el representante local agitaba el pendón para jurar obediencia absoluta. Repito por si no se me ha entendido bien: obediencia, sumisión, lealtad monárquica, vaya.
Con los siglos, como aquello ya no quedaba muy moderno, Logroño recicló el protocolo y dijo: “Pues ahora esto representa el orgullo local.” Rebranding histórico, Marketing institucional muy siglo XXI.
Punto 8: Recreaciones históricas o el cosplay renancentista colectivo: Mercados, trajes, campamentos, soldados, desfiles… Todo fantástico y sinceramente esta parte me encanta. Porque aunque la historia esté adornada hasta parecer una telenovela renacentista, el folklore también forma parte de lo que somos. La humanidad vive de contarse cuentos. Unos mejores que otros, pero cuentos al fin y al cabo.
Punto 9: ¿Quién salvó realmente la ciudad?
Relato oficial: El gran Pedro Vélez de Guevara, el superhéroe y el Duque de Nájera, nuestro salvador local. Franceses incompetentes derrotados por astucia riojana.
Realidad histórica: Un pelín más complicado y mucho más aburrido, vaya, mucho menos cinematográfico.
Pedro Vélez compartía mando. El Duque de Nájera básicamente desapareció convenientemente cuando la cosa se puso fea hizo el primer moonwalker de la historia. Asparros resulta que no era idiota y finalmente se retiró estratégicamente. Y quien realmente forzó el cambio militar fue el Conde de Haro, Íñigo Fernández de Velasco, reuniendo fuerzas tras Villalar. Pero claro. Eso complicaba el relato local y la propaganda histórica odia los matices.
Punto 10: ¿Por qué construir todo este relato? Pues porque la historia nunca es solo historia, también es prestigio, identidad, y sobre todo política y dinero.
En siglos posteriores, tener una historia heroica ayudaba a pedir privilegios, títulos, favores y ventajas ante la Corona.“Somos muy nobles”,“Muy leales”,“Muy sufridores”,“Muy patriotas.” “Mirad cuánto resistimos.” Y sorprendentemente eso funcionaba. Así que poco a poco nació una leyenda preciosa, rentable y extremadamente pegadiza.
En resumen: ¿Qué celebramos hoy?
¿Una victoria? Sí. ¿Una tradición preciosa? También. ¿Una recreación histórica bastante tuneada? Absolutamente. ¿Un relato cuidadosamente maquillado durante siglos hasta parecer una superproducción renacentista? Sin duda.
Pero quizá esa sea precisamente la gracia, la historia rara vez sobrevive intacta. La historia se cuenta, se adorna, se exagera, se pule, se convierte en mito. Porque al final, para los historiadores quedarás registrado como lo que fuiste. Pero para el resto del mundo serás recordado según el relato que sobreviva.
Y esa, queridos, es probablemente la lección más divertida y ligeramente perturbadora de San Bernabé: la historia no siempre la escriben los vencedores. A veces la escriben quienes mejor saben montar el espectáculo.
Felices fiestas de San Bernabé a todos!!!
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