De concierto con Enrique y de terapia con Maricarmen

Hola, queridos, cuanto tiempo otra vez, ya lo se, pero bueno, sentaos, coged aire y preparad las neuronas, porque he vuelto de mi retiro espiritual (bueno, cinco días de desconexión absoluta,que soy autónoma y un concierto que me ha dejado el alma en el tercer ojo) pues eso, que vuelvo y me encuentro con que la realidad española ha decidido pegarse una fiesta de ácido en pleno prime time.

O sea, ¿me queréis explicar qué capítulo me he saltado en esta temporada de España supervivientes: El Reality?

Porque una se va cinco días de casa, disfruta de la vida, se marca el concierto de su vida —por cierto... ¡ese Drogas bueno! ¡Madre del amor hermoso! Bendito hombre, está en su mejor momento, rozando la perfección absoluta, que te da una sobredosis de rock n' roll que resucita hasta al mismísimo Tutankamón—, y claro, una vuelve a casa con la serotonina por las nubes, levitando, sin una sola gana de dormir.

¿Y qué hace una persona sensata a las tantas de la madrugada? Pues poner la televisión para rematar la noche. ¡Gran error, queridos!

Aprieto el mando y... ¡coño! ¿Pero qué veo en la 1? ¿Estoy viendo una reposición del 15M? Ah no, ¡pero si pone que es en directo! ¿Me he transportado a un universo paralelo mientras me pedía una tostada y no me he enterado?

Juro por mis bragas de encaje de abuela que soy que he mirado a mi alrededor pensando: "A ver, ¿lo de Pedro Sánchez ha sido un espejismo febril y tenemos todavía a un enano con poca voz gobernando y mi cerebro ha querido borrarlo por salud mental?" A caso, he estado vividendo un Good Bye, Lenin! casero y los acabo de pillar?. ¿Me he mudado a un bucle temporal como en Loki y ahora soy yo el mismisimo Tom Hiddleston con el pelo revuelto?

Porque no, queridos, no eran fantasmas del pasado. Eran manifestantes protestando... ¡contra ellos mismos por no haber hecho absolutamente nada en todos estos años, pero diciéndome a la cara que la culpa es de los que ahora llaman "fascistas"! ¡Madre del amor hermoso, qué giro de guion! Es tan incomprensible que mi cerebro ha hecho chispazo, cortocircuito y ha olido a plástico quemado desde Cuenca hasta Madrid. Los de Ceuta deben estar flipando en colores desde su orilla viendo este circo romano montado solo para desviar el foco?. ¡Bravo a los guionistas! Menudo cuadro Picassiano.

Llevamos años esperando que alguien —ya sea rojo, azul, morado o amarillo fosforito— venga a salvarnos el culo. Pero a estas alturas de mi vida, con los moratones del desamor político bien visibles, ya sé que Superman no existe. (Y si existe, está calvo, cobra en B y te monta una consultoría fantasma).

Pero lo más alucinante no es eso. Lo más alucinante es ver que todavía hay gente, seres humanos en principio funcionales, que van detrás de estos nuevos gurús de secta como si fueran la única luz al final del túnel. Van con los ojos ciegos, sin reflexionar, sin pensar por sí mismos, repitiendo la consigna que les marca el chamán de turno en el argumentario de las ocho de la mañana. ¡Hijos míos, si es que os programan más rápido que a un microondas del Lidl!

Vamos a ver, querides. Olvidémonos por un segundo del teatrillo de los políticos jugando a partiditos con diferentes camisetas mientras se reparten el botín bajo la mesa. A fecha de hoy —que esto cambia más rápido que las criptomonedas de un especulador—, los problemas reales de España que hacen que se me salte la vena de la sien son a mi entender:

La corrupción y el fraude: El deporte nacional por excelencia. Que aquí no dimite ni el apuntador moral, a menos que sea para pillar asiento en un consejo de administración y cobrar en dietas.

Luego tenemos Ceuta y la gestión fronteriza: Una invasión convertida en drama humanitario que solo Dios sabe y sabrá el trasfondo de este tema, aunque dudo que ni el mismo lo entienda.

También esta lo de la vivienda: Que comprar una casa hoy en día es más difícil que encontrar integridad en un político. El acceso al mercado inmobiliario, los alquileres imposibles y las okupaciones son un chiste de mal gusto, la verdad

Y que decimos del paro y la precariedad laboral?: La calidad del empleo es tan fantástica que los salarios no dan ni para comprar la barra de pan del día, no te digo ya para planear un futuro o alquilar un zulo sin compañero de piso que ronque. Y luego que no hay hijos!!?? incomprensible, verdad?

Y la sanidad pública?: Que las listas de espera para el especialista entran en un bucle espacio temporal que ya te dan cita para cuando te toque jubilarte en el otro barrio.

Ah y la educación que no se me olvida, mírate eso de Pisa.

Y la inflación y la economía: Que ir al supermercado a llenar el carro se ha convertido en un deporte de riesgo que requiere pedir un préstamo personal al banco y dejar en prenda un riñón.

Y la situación política en general: Un casting de actores mediocres donde todos juegan en el mismo bando económico y solo cambian de color de corbata para entretener a la plebe.

Mientras, la juventud abducida, que ves a chavales jóvenes, con el cerebro virgen y lleno de potencial, ahí metidos, lobotomizados por el gurú de turno, sin cuestionar nada, bailando el agua al amo del cotarro.



Y ahora, parada obligatoria, que se pare el puto mundo. Porque resulta que, con cientos de miles de desahucios acumulados en este país, con familias enteras en la calle... ¡el drama nacional absoluto es el de la pobre Maricarmen!

Que por supuesto que me sabe mal por Maricarmen, que la pobre mujer no tiene dónde dormir y mi alma llora por ella igual que por el resto de cientos de miles de familias. Pero, ¿en serio nos tapan el sol con un dedo por esto cuando tenemos todo lo demás ardiendo? ¡Que parece que en España el PIB, la sanidad y el futuro de la nación dependen exclusivamente de si Maricarmen encuentra catre esta noche! Este es el nivel de circo mediático que nos merecemos?, de verdad?

Y no voy a hablar de lo que más me indigna a mí, que toda la vida ha sido el tema de la mujer... ¡Llámame loca, pero igual es por ser una de ellas! O sea, coño. Que lo están pasando rematadamente mal. Y ya no hablo solo de regímenes lejanos con sus ayatolas, que ahora las tenemos aquí pasándolo crudo, y no precisamente por igualdad. Pero de esto no voy a hablar hoy, querides, porque me enciendo de más, me sube la tensión a niveles de pista de discoteca y me empieza el tic del párpado y a ese no hay quien lo pare.

Y todo esto, repito, después de haber disfrutado del mejor puto concierto de los últimos años. Vaya vuelta a la realidad, así, de un hostión repentino. ¡Dios mío! De estar saltando como una loca como si no hubiera un mañana a comerme este bodrio informativo en el sofá de casa.

Bueno, me voy a callar ya de estos temas, porque me acabo de dar cuenta de que me estoy poniendo más intensa que una tertuliana de la tele. Pero es que, queridos... ¡estoy que me salgo de mi cuerpo!

En fin. Si tienes un amigo amargado por las noticias de la tele, por favor, no le compartas esto. Y quédate con la copla: prometo que el próximo día hablaremos de nuevo de últimas tendencias, de cómo farmear aura en la vida real o de cualquier otro sin sentido moderno que se ponga de moda.

Hasta luego, Maricarmen.


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