¿Cuando dices que ganamos el mundial?
Hola, queridos. ¿Qué tal el veranito? ¿Bien? ¿Habéis descansado? ¿Habéis desconectado? ¿Habéis cargado pilas?
Seguro que alguno ha pensado: “¡Mira esta qué morro! ¡Vaya vacaciones se ha pegado! ¡Más de dos meses tocándose la baina!”. Pues no, queridos. NO. Ojalá. Una autónoma sueña con esas cosas. Yo también tengo sueños húmedos con cosas tan exóticas como una tarde entera tumbada mirando al techo.
No he estado tomando daiquiris junto al mar mientras un señor llamado Luigi me abanica con una hoja de palmera. Qué fantasía, ¿verdad? Luigi, si estás escuchando esto, te sigo esperando.
Pues no. He estado haciendo algo muchísimo más incompatible con el descanso: ESCRIBIR UN LIBRO. Sí, queridos, un libro. Porque aparentemente mi concepto de vacaciones consiste en encerrarme durante semanas delante de un ordenador diciendo: “Esto es una mierda”. “Esto también”. “Esto igual mañana me parece maravilloso”. Y después volver a escribirlo veinte veces más, porque una tiene dignidad, pero no tanta.
Estoy ya con los últimos retoques, así que se vienen novedades queridos. No os voy a contar más porque una también necesita mantener un poquito de misterio, que luego os lo cuento todo y me quedo sin contenido. A demás hoy no he venido a hablar de mi libro, he venido a hablar de nosotros, de España y de ese pequeño detalle sin importancia de que hemos sobrevivido al verano de 2026. Porque vaya veranito, queridos. ¿Habéis conseguido desconectar? ¿Cargar pilas? ¿Descansar? ¿Acaso dormir? JA. Imposible, ¿verdad? Yo creo que este verano hemos descansado menos que un camarero en agosto.
Porque España decidió que este verano no íbamos a aburrirnos. Y como somos un país muy generoso, nos ha ofrecido el pack completo un todo incluido, pero sin pulsera y sin pagar suplemento. Así que vamos a hacer un repasito cronológico, porque después de este verano necesitamos sentarnos, respirar profundamente y preguntarnos: “¿Pero todo esto ha pasado en tres meses?” Pues sí cariño, siéntate, ponte cómoda y apaga el móvil, porque esto va para largo, venga que empezamos fuerte.
11 DE JUNIO. Vamos a empezar por algo que nos dio alegría, porque la necesitamos. El Mundial de Fútbol que nos tuvo pegados al televisor. España empezó bien, avanzó… y acabo ganando el Mundial. ¡ESPAÑA CAMPEONA DEL MUNDO! Un festival, una locura, un alegrón nacional. Por fin un acontecimiento que no requería un abogado, un psicólogo, un experto en geopolítica ni un seguro de hogar. Fútbol, balón, goles y felicidad.
Ahora bien… ¿no os da la sensación de que esto ocurrió hace como un año? Pues no queridos, fue al principio de este verano. Al principio. Fijaos lo que nos ha durado la felicidad. Porque en España podemos ganar un Mundial el lunes y el viernes estar a la gresca por cualquiera de los numerosos frentes que nos abren. Somos así. Nos dura la alegría lo mismo que una oferta del supermercado: la ves, parpadeas y ya ha desaparecido.
21 DE JUNIO. Llega oficialmente el verano. El sol, la playa, las terrazas, los mosquitos… y una primera ola de calor que dijo: “Hola, queridos, he venido para quedarme. Este verano no me voy a marchar nunca. JA JA JA ”. Junio termina siendo uno de los meses más cálidos desde que existen registros y tú mirando el termómetro a las cuatro de la tarde: 43 grados. Pero no pasa nada, porque siempre aparece alguien diciendo: “Bueno, pero otros años también ha hecho calor”. Sí, Manolo, pero este verano los reporteros no tardan ni medio segundo en freír un huevo en la acera para demostrarlo. Porque si algo define el periodismo español en verano es encontrar una baldosa caliente y poner encima un huevo. Investigación de campo, queridos.
24 DE JUNIO. Y aquí hacemos una pausa porque llega una de las noticias más dramáticas del verano. Un devastador terremoto golpea Venezuela, dejando miles de víctimas y desaparecidos. La tragedia provoca una fuerte movilización internacional y España activa los mecanismos diplomáticos y humanitarios para ayudar a localizar y repatriar a las víctimas. Y aquí no hay ironía posible, porque detrás de las cifras hay personas, familias y vidas destrozadas. Así que simplemente decir que muchísima tristeza y todo mi apoyo a quienes han sufrido esta terrible tragedia.
JULIO. Ay, julio. Ese maravilloso mes en el que descubres que tu sueldo sigue siendo exactamente el mismo… pero el supermercado parece haberse convertido en una boutique de lujo. La inflación se coloca en el 3,9% en julio, pero tranquilos, que luego en agosto… subirá al 4,3%. ¡Fantástico! Porque si hay algo que necesitábamos este verano era que comprar cuatro yogures, aceite y un bañador se sintiera como financiar una operación inmobiliaria.
Ahora entendéis a toda esa gente que dice que antes con 50 euros llenaba el carro. ¡CUANDO ÉRAMOS BURGUESES! Ahora sales del súper después de pagar y la cajera te mira con esa cara de “¿todo bien?”. Y tú: “Sí, sí, estoy perfectamente”. Y ella: “¿Quiere bolsa?”. No, cariño. Quiero un crédito personal. Y si puede ser a tipo fijo mejor, porque a este paso para comprar aceite vamos a necesitar presentar nóminas, avalista y certificado de empadronamiento.
Pero claro, como todavía nos quedaba energía para sufrir… llegaron los incendios. Y no unos pocos, no, una barbaridad!!. Una de las temporadas de incendios más destructivas y trágicas de las últimas décadas. Más de 264.000 hectáreas arrasadas hasta finales de agosto. Incendios de sexta generación, los llaman. Fuegos capaces de generar sus propias condiciones meteorológicas. Que hasta los incendios han decidido independizarse, ya no controlas tú al incendio, es el incendio el que te controla a ti.
Y con semejante escenario, el Gobierno llega a declarar por primera vez la emergencia nacional por incendio forestal. Mientras tanto, los bomberos trabajando hasta la extenuación, personas evacuadas, pueblos enteros amenazados, paisajes devastados y nosotros viendo las imágenes pensando: “Esto no puede estar pasando”. Pues sí. Y todo esto mientras el termómetro seguía diciendo: “¿Queréis más?”
Porque julio termina batiendo récords de temperatura y estas altas temperaturas dejan además miles de muertes atribuibles al calor. Porque el calor ya no es: “Ufff, qué pereza, hace mucho calor”. No. Ahora es: “¿A qué hora puedo salir de casa sin entrar en ebullición?” Tú ya no consultas la previsión meteorológica para saber si llevas paraguas, la consultas para saber si puedes sobrevivir al trayecto hasta el supermercado.
Y las noches… ay, las noches. Esas noches tropicales en las que te metes en la cama y parece que estás durmiendo dentro de una bolsa de deporte. Abres la ventana: calor. Cierras la ventana: calor. Pones el aire acondicionado: ruido. Apagas el aire acondicionado: muerte. Pones el ventilador en la cara: conjuntivitis. Y ahí estás a las cuatro de la mañana, empapada en sudor, mirando al techo y pensando: “Qué maravilla el verano.” Y encima aparece alguien diciendo: “Yo es que duermo con una sábana”. Pues enhorabuena, reina. Yo duermo con un abanico y con ganas de matar.
12 DE AGOSTO. ¡OTRO ACONTECIMIENTO HISTÓRICO! El primer eclipse total de Sol visible desde la península ibérica en más de un siglo. Y aquí sí que nos volcamos. Que si las gafitas, que si cuidado con los ojos, que si no mires directamente, que si las gafas homologadas, que si no uses unas de AliExpress, que si las gafas homologadas no son tan homologadas, que si cuidado con quedarte ciego. QUE NO MIRES. Yo creo que hubo gente que llegó al eclipse sabiendo menos de astronomía que cuando salió de casa, pero con una colección de gafas que parecía que iba a abrir una óptica en el barrio.
Y luego tuvimos eclipse lunar. Pero de ese… casi nadie se enteró. ¿Por qué? Pues no lo sé. Preguntad a los de las noticias. Será que la luna no tiene tanto glamour o no había nada que vender, porque para el solar: “¡HISTÓRICO!”, “¡NO TE LO PIERDAS!”, “¡GAFAS!”, “¡EN DIRECTO!”, “¡NO MIRES!”. Para el lunar: “Ah, sí, la luna se pone un poquito rara esta noche”. Y además había que madrugar y en verano, queridos, se sabe que madrugar solo se hace por tres motivos: para coger sitio en primera línea de playa, para coger un vuelo barato o porque tienes un niño pequeño. Y ninguna de las tres cosas tiene ningún interés.
27 DE AGOSTO. Vuelve a golpear la tragedia. Una brutal riada provocada por el colapso de un glaciar arrasa amplias zonas de Nepal y el Tíbet, aún es pronto para conocer la magnitud real de la catástrofe. Y otra vez nos encontramos ante esas imágenes que te dejan completamente helado, porque mientras aquí estamos discutiendo sobre quién paga los uniformes del colegio… en otras partes del mundo hay personas que lo han perdido absolutamente todo, y esto también ha sido parte de nuestro verano.
Tranquilos. Bajad ese dedo inquisidor, que ya sé lo que estáis pensando: “¿Es que no va a decir nada sobre EL TEMA?” Ya voy, que sois unos ansias. Que una intenta crear suspense y vosotros queréis directamente el final de temporada.
30 Y 31 DE JULIO. En apenas 48 horas se produce una entrada masiva y sin precedentes en territorio español. Ceuta se convierte en el epicentro de una crisis migratoria de dimensiones extraordinarias. Las estimaciones hablan de unas 80.000 personas accediendo irregularmente a la ciudad autónoma. Llegan a nado bordeando el espigón del Tarajal. Las fuerzas de seguridad se ven completamente desbordadas y aquí empieza el espectáculo político.
Porque, queridos… cuando hay una crisis en España, no basta con resolverla. Primero hay que buscar quién tiene la culpa, que eso es importantísimo. Resolver ya si eso mañana. Primero: “Ha sido culpa del Gobierno”. “No, de Marruecos”. “No, de la oposición”. “No, de Europa”. “No, del cambio climático”. Y mientras tanto Ceuta diciendo: “¿Y alguien puede venir a ayudarnos, por favor?”
Así poco a poco llegamos a SEPTIEMBRE, que pensábamos: “Bueno, ya está. Se acabó el verano. Vamos a empezar tranquilitos el curso”. Pero como estamos en España y parece que llevamos años practicando una disciplina olímpica llamada “dejar que los problemas maduren que lo mismo al final se resuelven solos...”, el 2 de septiembre miles de personas salen a las calles para protestar por la gestión de la crisis migratoria.
Y entonces aparece un informe policial que habla de una posible actitud pasiva de agentes marroquíes durante los cruces. Y claro… TORMENTA POLÍTICA. Porque ahora tenemos: Gobierno, oposición, Marruecos, Policía, Ceuta, migración, informes, manifestaciones… y todo el mundo opinando y nadie resolviendo. Que también tiene mérito. Hemos conseguido convertir una crisis en una tertulia nacional de horas ilimitadas. Con expertos, contraexpertos y el señor que opina desde el bar porque “él lo ha visto en Facebook”.
Pero espera, que el curso político empieza pero el judicial también, porque igual se os había olvidado con todo este montón de cosas, pero todos esos juicios pendientes de los aledaños gubernamentales vuelven como una segunda parte chunga de tu película favorita. Esa que no querías ver porque ya sabías que iba a acabar mal, pero te la ponen igualmente.
Así que queridos, aquí estamos. 3 DE SEPTIEMBRE. Vuelta al cole, vuelta al trabajo (el que haya tenido la suerte de tener vacaciones), vuelta a la rutina, vuelta a las noticias. Que por cierto, aquí estoy yo esperando con mi bol de palomitas a ver con qué giro de guion nos va a sorprender el presi hoy. Porque menudos guionistas tiene el tío. Me tienen enganchadísima a las noticias. Esto ya no es actualidad, esto es una teleserie, y lo peor es que no sabemos cuándo emiten el último capítulo.
Y yo tengo una pregunta: ¿QUÉ HEMOS HECHO PARA MERECER ESTE VERANO?
Porque hemos tenido un Mundial, corrupción, terremotos, inflación, incendios, olas de calor, eclipses, riadas, una crisis migratoria, manifestaciones, informes policiales… Y ahora encima toca hacer la matrícula de las extraescolares. QUE ESO ES OTRA CRISIS NACIONAL.
Porque una cosa es gestionar una crisis migratoria internacional, pero intenta tú cuadrar: inglés el lunes, baloncesto el martes, balonmano el miércoles, piano el jueves, cumpleaños el viernes, y que además te dé tiempo a hacer los deberes. Eso sí que requiere un Pacto de Estado, tres ministerios y probablemente intervención de la OTAN.
Y luego viene el material escolar, los uniformes, los libros, las mochilas, los zapatos… Y tú haciendo cuentas: “Bueno… si este mes no comemos…” “¿Qué dices, mami?” “Mmm nada, cariño. Que he encontrado una superoferta de lentejas”. Porque queridos… la inflación puede subir al 4,3%, pero el niño quiere unas zapatillas nuevas porque las anteriores las ha llevado todo el verano. Y tú mirándolas desde lejos, con un ojo cerrado y la cabeza ladeada, como quien evalúa una obra de arte: “Hijo… si las miras así… con poca luz… y desde tres metros… parecen prácticamente nuevas”.
“Ya, mamá, pero cuando corro se me salen los dedos por delante”. Pues nada cariño, corre hacia atrás!! SOLUCIONADO.
En fin, queridos. Que después de todo esto… he vuelto. He vuelto para daros un poquito de vidilla, para volver a comentar la actualidad, para reírnos cuando podamos, para indignarnos cuando toque y, sobre todo, para intentar sobrevivir juntos a septiembre. Porque si hemos sobrevivido a este verano ya podemos sobrevivir a cualquier cosa. O eso quiero pensar. Porque también pensé que podía sobrevivir a agosto sin aire acondicionado y aquí estoy, emocionalmente incapacitada.
Ahora toca guardar las chanclas, sacar la agenda, mirar el calendario, respirar profundamente… y decir: “Bueno, venga. 17 comunidades autónomas y 2 ciudades autónomas… ¿qué puede salir mal?.
Feliz vuelta, queridos. Muchísimo ánimo. Un besote enorme, nos escuchamos muy, muy pronto. Porque ya sabéis, el verano se acaba pero el drama español... jamás.
Comentarios
Publicar un comentario