Sigue el olor del dinero

Hola queridos. Hoy este podcast no es para informar. No. Hoy es para educar con tacón, para iluminar con foco de camerino y, sobre todo, para dedicarlo a ese amigo, sí, ese al que el otro día le solté, con todo el amor y la paciencia que me caracteriza: “No hay más ciego que el que no quiere ver.”

Y como no me quedé a gusto, hoy he decidido explicarlo despacio, con dibujitos mentales y sarcasmo del caro, por si acaso.

Vamos a empezar con un poquito de historia. Tranquilos, que no duele. Historia resumida, versión mensaje de Whatsapp x2, porque aquí hemos venido a entender, no a opositar.

Vamos a empezar hablando de un conflicto con más temporadas que “Cuéntame”: El lío entre Palestina e Israel no empezó ayer, ni anteayer, ni cuando Twitter decidió indignarse en masa. No. Esto viene de más de un siglo atrás, porque si algo le gusta a la humanidad es arrastrar dramas como si fueran herencias familiares.

Finales del siglo XIX. Europa. Persecuciones, cacerías violentas, antisemitismo a granel. Aparece el sionismo, que básicamente dice: “Oye, igual necesitamos un sitio propio donde no nos quieran quemar cada dos por tres”. Eligen Palestina por motivos históricos y religiosos.

Mientras tanto, los árabes palestinos, que vivían allí tan tranquilos, dicen: “Perdona guapi, ¿y esta mudanza masiva quién la ha autorizado?”. Porque que yo sepa nadie les preguntó.

Llega el Mandato Británico, que es como ese amigo que promete lo mismo a dos personas distintas y luego se sorprende cuando hay hostias. Declaración Balfour que fue básicamente un email diplomático de 67 palabras que provocó más de un siglo de conflicto. Promesas por aquí, promesas por allá, inmigración disparada tras el Holocausto… y el cóctel estaba servido.

1947: la ONU propone partir el pastel. Un estado judío, uno árabe. Los judíos dicen: “Vale.” Los árabes dicen: “Ni de broma.”

1948: Israel declara su independencia, cinco países árabes atacan, pero Israel es fuerte y gana más territorio del previsto y 700.000 palestinos salen por la puerta de atrás de la historia. Nakba osea limpieza étnica acompañada de una huida masiva. Catástrofe. Trauma fundacional. Apúntalo, que luego entra en el examen.

¿Y por qué siguen peleando? Pues porque hay cuatro temas que nadie quiere soltar, ni aunque les arranques las uñas:

  1. La tierra: quién manda dónde.

  2. Jerusalén: capital sagrada para todos, acuerdo para ninguno.

  3. Los asentamientos: colonias que crecen como hongos.

  4. Los refugiados: el eterno “¿puedo volver a la casa de mis abuelos o no?”

Sencillo, ¿verdad? Pues no. Porque la política internacional funciona como un reality show sin presentador.

Gaza, 2007: Hamás gana elecciones, se pelea con Fatah y se queda con Gaza. Desde entonces gobierna a lo “teocracia low cost con porra”: sin elecciones, sin libertad de prensa, sin protestas, sin derechos para mujeres, sin derechos para personas LGTBQ+… pero con túneles. Muchos túneles. Prioridades...

¿La población civil? Pues ahí, haciendo de escudo humano, que es lo de siempre, pagan los más débiles cuando los abusones juegan a la guerra santa.

Irán pone el dinero, las armas, el entrenamiento. Aproximadamente 100 millones de dólares al año, porque nada dice “solidaridad internacional” como financiar milicias mientras tu propio pueblo se muere de hambre.

7 de octubre del 23 y el giro de guion, Hamás entra en Israel y comete una masacre. Israel responde. Y responde. Y responde un poco más. Y entonces pasa algo mágico: la víctima se convierte en verdugo, y se le va completamente de las manos.

Más de 73.000 palestinos muertos desde entonces. Civiles, mujeres, niños, gente que no votó a Hamás, que no dispara cohetes, que solo intentaba sobrevivir entre dos dragones escupiendo fuego.

La gente en España sale a la calle. Protesta. “Free Palestine”. Flotillas, pancartas... Un despliegue premium merecido, por supuesto.

Pero claro, aquí viene el momento “agarra las palomitas”

Vamos un poco mas a la derecha en el mapa, hola, Irán. Irán, para quien no esté al día, era una monarquía aliada de Occidente hasta 1979. Llega la Revolución Islámica y… sorpresa: república teocrática, velo obligatorio, libertades a la basura y represión deluxe.

Décadas de sanciones, guerras, corrupción y un régimen que sobrevive a base de miedo.
2022: muere Mahsa Amini. Las mujeres dicen basta. Queman velos,
salen a la calle, se juegan la vida por cosas tan radicales como estudiar, trabajar o existir.

Y aquí viene mi parte favorita. El feminismo selectivo, edición limitada. En España hubo manifestaciones. Muchas. Pero algunas caras muy pero que muy feministas, vamos las autoproclamadas reinas del feminismo… curiosamente… no estaban en primera fila. Creo que ese día Irene tenia hora en la peluquería. Chica, que hay que salir mona.

Apoyos en redes, sí, 8 días mas tardes y bajo presión mediática pero si. Mensajes institucionales, también. Pero pisar calle con las iraníes que lideraban la lucha… eso ya...

Ahora salto temporal, enero de 2026, Irán está en llamas. El rial se desploma, protestas en todo el país. Más de 2.000 muertos reconocidos y más de 12.000 detenidos.

Mujeres que llevan mas de 40 años tratadas peor que un perro siguen saliendo a la calle. Quemando velos. Mirando a los ojos a los fusiles.

¿Y la reacción? Pues muy interesante. Porque aquí el discurso no va de derechos humanos. Lo que nos cuenta la monarca del feminismo y sus ayudantes de cámara, va de anti-imperialismo, de señalar a Estados Unidos, de relativizar la represión interna.

Porque claro, aquí las mujeres no son tan mujeres, los muertos no son tan muertos, y el velo, oye, lo llevan porque quieren. Que no estudian ni trabajan porque prefieren ser amas de casa, guapi. Todo muy libre. Todo muy voluntario. Todo muy… conveniente.

Y ahora, vamos al turrón, porque cuando el discurso empieza a oler raro, conviene mirar las facturas. Productoras, programas de televisión, pagos documentados, millones circulando. Nada ilegal condenado judicialmente, ojo. Pero sí dinero real, cobrado, justificado y admitido.

Financiación indirecta. Intereses geopolíticos. Relatos blanqueados. Y entonces entiendes muchas cosas. Los silencios, las prioridades, las indignaciones a tiempo parcial.

Y no voy a comentar nade de Venezuela porque es mas de lo mismo y esto va solo por una publicación en Facebook. Sí, Facebook. Porque soy boomer y solo manejo redes sociales de abuelos. Era una foto de Irene montero gritando loca en una manifa de free palestina junto a otra foto de una mujer iraní luchando por su libertad con la frase “Cuando la revlución es existencial para unas y aeróbica para otras”. Y un amigo me viene con la perorata de que yo hoy en dia vivo asi gracias al feminismo, perdona, pero vivo así gracias a todas las mujeres antes que yo y yo incluida que hemos luchado cada día porque se nos tenga en cuenta y se nos trate como lo que somos, personas igual que los XY, que mas feminista, de las feministas de verdad que yo no creo que las haya ahora. Que si no hago mas que meterme con las luchas sociales, que si los empresarios gobernaran (como si no lo estuvieran haciendo ya eh?), pues que entonces comeríamos solo avena… (a este paso como sigan subiendo los precios de todo ni avena, con un poco de hierbín del parque a correr). En fin, que cuando hablas con alguien que esta así, es mejor no perder el tiempo y esperar a ver si vuelve a la realidad.

Y porque hay algo que nunca entenderé: cómo se puede defender lo indefendible con tanta pasión…
salvo que no sea por convicción, sino por costumbre,
o por ideología ciega, o por algo aún más sencillo y mas vil.

Así que cuando dudéis, cuando algo no cuadre, cuando el discurso huela raro… no miréis Twitter, no miréis los slogans, simplemente seguid el olor del dinero.

Porque queridos… el dinero nunca miente. Y el silencio, tampoco.


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