Manual de supervivencia social para viernes peligrosos
Hola queridos. Ya que es viernes, ese día sagrado en el que todos hacemos como que tenemos vida social, cuando en realidad estamos rezando por volver al sofá en cuanto podamos, he decidido traeros unos tips. Sí, tips, que no “consejos”. Porque decirlo en inglés me hace sentir influencer, gurú, coach emocional y casi terapeuta ilegal. Hoy vengo a abriros los ojos, las orejas, los poros y hasta la carpeta del sistema operativo donde guardaís los traumas, porque hoy vengo a enseñaros a reconocer a la gente de la que no hay que fiarse ni aunque os paguen en croquetas.
Empecemos.
En
primer lugar tenemos al ”Megaegocéntricodeluxe”,
ese
ser cósmico que cree que el universo es un selfie permanente.
Que
tú
le estás narrando
el
hundimiento emocional más grande de tu vida, una tragedia griega, un
“pobre de mí” nivel documental de La 2… y antes de que acabes
la primera
frase
ya te está interrumpiendo para contarte la
super movida hiperimportante
que le pasó esa mañana. Fijate
que
el camarero le puso la espuma del café con forma de
nuebe cuando él habia pedido un corazón.
Una catástrofe mundial, vamos.
Si buscas empatía, comprensión
o un hombro sobre el que llorar… con esta persona olvídate. Como
mucho te ofrece los dos pero para que se los toques con la espada del
rey Arturo.
Luego están los clásicos de salir en grupo y, oh sorpresa, cuando toca pagar experimentan un impulso biológico imposible de detener. El llamado pipí financiero. Qué curioso ¿eh? Deben de tener un sistema urinario que es básicamente un colador industrial. Y, atención, ni se te ocurra compartir un décimo de lotería con ellos en Navidad. Ya sabes cómo acaba la historia, tú llorando junto a Sonsoles mientras este ninja del dinero desaparece con la pasta en dirección desconocida.
Pasemos ahora a esa gente que no te mira a los ojos cuando habla. Sí, ya sé que hay un pequeño porcentaje que es por vergüenza o porque son tímidos profesionales con máster y doctorado. Vale, con esos no va. Pero el resto… el resto es porque algo ocultan, un secreto inconfesable que esta pasando por su mente, o simplemente porque no te soportan y están calculando la ruta de escape más corta. Pues nada, déjales volar. ¡Que desplieguen alas y se marchen lejos!
Y cómo olvidar a los campeones olímpicos del “haz lo que digo pero no veas lo que hago”. Gente que defiende a muerte ideas y principios esos campeones olímpicos de la incoherencia que predican valores, moral, disciplina… y luego se lo pasan todo por el forro con una agilidad que ni los acróbatas del Circo del Sol.
Luego
los reyes y reinas de la manipulación
emocional,
esos
que de manera torticera te comen el tarro hasta que consiguen que
algo que en principio pensabas que no harias nunca, bajo ningún
concepto, lo hagas tan contenta pensando que lo has hecho toda la
vida.
Cero,
alejate, te va a convertir en un pelele.
Y por favor, la élite del chismorreo, los que vienen a contarte cosas de gente que ni conoces. PERDONA, ¿quién es esta gente? ¿Y por qué me estas metiendo en una serie que yo no sigo?. Imagina que dirá de ti en cuanto te des la vuelta. Fuera, lejos.
Pero
ahora viene EL GRUPO SUPREMO, la
crème de la crème, el
enemigo final del videojuego social, el
colectivo del que hay que huir como si te persiguiera Hacienda, tu ex
o
una horda de zombis pasados de café. La
gente sin sentido del humor.
Sí,
queridos, ese
sentido tan esencial como la vista, el oído… e incluso más que el
olfato, según donde trabajes.
Ya sabéis a quién me refiero, a esa gente a la que le molesta que te rías, que le molesta que te tomes la vida con humor, que le molesta que respires feliz. Viven en una sociedad avinagrada, permanentemente arrugados, ácidos, listos para juzgar. Esa gente gris.
Y aquí viene lo importante, una persona sin sentido del humor ya te está dando pistas muy valiosas sobre su capacidad de procesamiento mental. Ahí dentro no hay chispa, no hay brillo… hay, digamos, un piloto rojo parpadeando y un mensaje de “actualización pendiente desde 2008”. Gente a la que le cuentas un comentario gracioso y ves cómo el cerebro les hace: ERROR 404. Nada que no les da, la neurona está de puente, el wifi mental les va con una rayita.
A ver, que una persona no tiene por qué reírse como foca asmática con cada chiste. Que hay chistes que no hacen gracia, sí, y chistes que directamente deberían ir a prisión, también. Pero una cosa es que no te rías… y otra muy distinta es que te ofendas tu porque a mi me hace gracia. Son los Inquisidores del Humor, La Santa Oficina del “Aquí no se ríe nadie porque yo no entiendo nada”. Viven en vinagre, respiran vinagre, sudan vinagre.
Y ojo que tienen un superpoder. Si, si. Se reconocen entre ellos sin hablar. Como los robots de una misma fábrica, como las palomas cuando planean dominar el mundo. En cuanto aparece uno, al minuto llegan tres más. Se unen, forman un enjambres, colonias, nidos de amargura, y convierten el ambiente en un gris burocrático. Gris de lunes, gris de funcionario cansado, gris de oficina sin ventanas. Si por ellos fuera, te denunciarían por sonreír más de lo permitido o por dejar que un chiste o comentario jocoso se te escape de refilón. Son alérgicos a la alegría, no la procesan porque no les da. El sistema interno se les recalienta.
Pobrecillos, huyen del humor porque no lo pillan, no tienen la antena sintonizada. Y cuidado que en cuanto algo no les encaja en su universo monocromo, te juzgan, te señalan, te lo hacen saber, a ti, al mundo, a los vecinos, al planeta y a cualquier satélite que esté escuchando. Y tú pensarás: “Bueno, no pasa nada, es solo una opinión”. ERROR. Su opinión viene con eco. Se agrupan, repiten, amplifican y, entre todos, convierten el planeta azul en una bola negra.
Así que si notas que tienes a uno de estos cerca… corre. Pero corre en serio. Corre como si regalaran vacaciones gratis al primer valiente que se escape. Corre hasta que esa persona sea solo un recuerdo borroso, una sombra lejana, un pixel muerto en tu memoria RAM.
Si
te cruzas con un amargador profesional, un inquisidor del humor o un
coleccionista de ofensas… ¡huye!
Huye rápido, huye lejos,
huye como si tu alegría estuviera en juego..., porque lo está.
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