La NASA dice tranquilidad, yo digo CORRE

Bueno, bueno, bueno… señoras y señores del público cósmico y sideral, imagino y digo imagino, porque aquí ya no se puede dar nada por supuesto que todos estaréis agotadísimos, reventaditos, exhaustos de esperar a que el 3I/ATLAS haga su estelar aparición y decida pasar a saludar por el barrio pichicósmico, ¿no? Porque este es el típico invitado que dice “llego en cinco minutos” y aparece 5 horas después con una pizza fría y cara de “¿qué pasa, estabais esperando?”

Para los despistados del fondo, que siempre hay alguno mirando las musarañas, el 3I/ATLAS es básicamente un meteoritonavespacialcometraro interestelar… o algo así. Una piedra cósmica gigante con ínfulas de diva galáctica que ha decidido hacer turismo interplanetario. Vamos, que está ahí fuera dándose un paseíto como si el sistema solar fuera el paseo marítimo de Benidorm.

Ahora bien… aquí empieza el festival de la confusión. Porque como todo lo que da vueltas por el espacio y no paga el IBI, pues genera polémica. La NASA, esos seres que saben de números, ciencia y esas cositas que nosotros no queremos para nada, ha dicho básicamente: “tranquilos, que no pasa nada, esto no es más que un pedrolo de entre 10 y 30 kilómetros.” O sea… que igual es un Fiat Panda, igual es un camión de ocho ejes. Detallitos. La precisión científica en su máximo esplendor. Dí que sí.

Eso sí, a pesar de que aparentemente “no pasa nada”, han activado el protocolo de defensa planetaria. Pero tranquilos, que no es por el cometa, no, no, no… ¡Qué va! Eso ha sido pura casualidad, hombre. Un protocolo de defensa planetaria se activa todos los días, como quien pone la lavadora o compra pan. Seguramente es que vieron algo volando por ahí y dijeron: “Uy, mira, eso parece gigantesco, veloz y potencialmente letal… ¡vamos a darle al botón rojo por si acaso!”

Digo yo, eh, digo yo que aquí no soy más que una humilde ciudadana que solon quiere que no nos aplasten como cucarachas: si es un cascote volador… ¿para qué necesitamos defensa planetaria? ¿Qué se supone que vamos a hacer? ¿Tirarle piedras? ¿Lanzarle un discurso motivacional? ¿Hacerle un corte de mangas espacial?

Pero bueno, que luego está la otra facción del drama cósmico. El equipo B, los rebeldes galácticos. Liderados por el mismísimo Abraham Loeb, Avi para los amigos. Este crack es físico teórico, especializado en astrofísica y cosmología, tiene una cátedra de ciencia en Harvard… vamos, que ya te digo yo que este no es de los que copiaba en los exámenes. No, este es de los que te miraban con superioridad cuando llegaba el tema de las raíces cuadradas.

Avi dice que sí, que vale, que igual podría ser un cometa interestelar… pero… que también podría ser una megahipernavematriznavenodriza de dimensiones colosales, de esas que ni el wifi llega de punta a punta. Que la trayectoria, que la velocidad, que la materia que tiene… que eso huele a Estrella de la Muerte fresquita recién salida del horno.

Y claro, los medios de comunicación han dicho: “¡JA! ¡A ti te vamos a machacar! ¡Tú no vienes a quitarnos el show!” Y se han lanzado encima de Avi como gremlins con hambre. Lo están tratando como si fuera el primo raro de la familia que dice que habla con los espíritus. Poco más y lo acusan de haber comprado la cátedra en un rastrillo dominical.

A ver, yo no voy a juzgar ni a unos ni a otros. Yo no soy astronauta, ni cosmóloga, ni tengo telescopio incorporado en los ojos. Yo soy una ciudadana normal que se limita a observar y sacar conclusiones lógicas. Y ¿sabes qué me escama? Que siempre, SIEMPRE que dicen: “¡No paaaaaasa naaaaadaaaa! Tranquiiiiiiiiilos… todo está bajo control…” ES JUSTO ENTONCES cuando deberíamos empezar a preparar el kit preparacionista.

Porque eso es una ley universal. Como que enero es largo y los lunes son una basura. Cuando te dicen “tranquiiiiiiils”… ¡malo! Ese es el momento de esconderse bajo la cama con un machete, una lata de fabada y un palé de papel higienico.

Así que vamos a ponernos en lo peor, venga va, juguemos a ser dramáticos. Es una nave. ¡Vamos a asumirlo! Venga, Avi, te lo compro, esta vez te sigo el rollo. ¿Y quién narices son estos visitantes? ¿A qué vienen por aquí? ¿Nos traen pan? ¿Nos quieren vender enciclopedias? ¿Cumplir la profecía maya? ¡No lo sabemos!

Y aquí viene otra duda existencial: ¿Los recibimos con misiles por si vienen en modo “Mars Attacks”, o les ponemos collares de flores por si son hermanos de E.T?

Y hablando de E.T, tengo que comentaros mi trauma infantil con este bicho. Ese muñeco cabezón marrón, arruinó mi infancia. Si queridos, mi madre, inocentemente me llevó al cine toda emocionada y yo a mis 7 años, sin saber aun nada de la vida, feliz por ir con mami al cine. Acaba la peli, todos los niños gritando felices y emocionados y yo…. Alli, bajo los brazos de mi madre, aterrada, muerta de miedo, como si hubiera visto la de Viernes 13. Mi madre flipando me decía: “¡Pero si es bueno! ¡Todos los niños lo quieren! ¿Ves?” ¿Todos los niños? ¡MENTIRA! Solo los inconscientes, los valientes temerarios sin instinto de supervivencia.

¿Nadie notó algo raro en ese bicho arrugao? Vamos a ver: ¿qué clase de evolución es esa? Eso es un marciano mal, ¿Un dedo luminoso? ¿Un cuello de jirafa, cuerpo de croqueta y sin piernas? Esa mierdita del Whatssap venía a estudiarnos, a tomar nota, a recopilar datos para luego venir con sus colegas y arrasarnos. ¡Ese ET no era el amigo de nadie!

Y aquí estamos… con un dilema de los buenos. ¿Nos preparamos para una muerte épica, espectacular, con explosiones dignas de Hollywood? ¿O nos preparamos para recibir a una civilización avanzada que igual nos deja tecnología de la buena, buena y nos arregla la economía, la sanidad, la educación y además nos pone aire en condiciones?

Yo no sé vosotros, pero hasta el 19 de diciembre voy a estar con el alma en un puño. Que sí, que sí, que no sé si comprar machetes, armas de fuego, lanzallamas, peluches, caramelos, máscaras antigas o un telescopio para ver cómo pasa un pedrolo que igual es pedrolo o igual es nave. Cada día cambio de plan. Vivo en un sin vivir.

Así que nada, queridos míos... a esperar. A respirar hondo. A mirar al cielo de reojo y a pensar: “¿Será hoy? ¿Será mañana? ¿Vendrán a destruirnos o a invitarnos a un café?”

Y hasta entonces, pues nada… a seguir fingiendo que dormimos tranquilos mientras una piedra gigante o una nave nodriza nos respira en la nuca. ¡Feliz incertidumbre cósmica!

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