Héroes de barro y políticos de porcelana

Hola queridos. La verdad, no quería hablar de este tema, lo juro. Porque en su momento me afectó… y eso que ni siquiera estaba cerca. Pero anoche caí, sí, caí en la tentación: vi un programa llamado “Operación DANA”. Y, sinceramente, aún no sé si lo hicieron para rendir homenaje a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado… o para rendir cuentas a los culpables.
Porque según ese documental, todo fue una maravilla: precisión suiza, coordinación celestial, todos funcionando como un reloj. Una oda a la eficiencia institucional. Casi me faltó la banda sonora de Marvel.

Pero no, señores. Eso no fue así. Y quienes lo vivimos, aunque fuera desde lejos, lo sabemos. De hecho, como ya sabrán los que me siguen desde el principio, este podcast nació por culpa de toda la bilis que se me acumuló en el estómago con este asunto.
Y lo reconozco: ya no pude más después de la visita de nuestra ministra de Defensa,
Doña Margarita.

Ay, Doña Margarita. Con aquella actitud altiva, ese aire de “no me ensucio ni en una catástrofe natural, no me contradigas estúpido plebeyo”. Llegó allí como si fuera a inaugurar un museo, no a mirar el desastre que tenía delante. Y fue justo en ese momento cuando pensé: o suelto esto o reviento. Como no podía estar allí ayudando, al menos podía desahogarme por aquí.

Quizá podáis engañar a muchos, pero a mí no. Y no, no porque sea más lista que nadie, ya me gustaría, sino porque tengo una tara maravillosa: cuando algo me obsesiona, no lo suelto.
Y sí, hace un año estuve pegada a la tele y a las redes toooodo el rato. No viendo un solo canal, no:
todos. Soy así de intensa, qué le vamos a hacer. Pero gracias a eso, vi absolutamente todo lo que decían en todas partes.

Por eso, cuando se lanzaron a por Iker Jiménez por los “muertos de Bonaire”, me quedé a cuadros. Pensaba: “¿Perdona? ¿Pero si eso lo dijeron en todos los canales, en todos los programas?” No entendía por qué se lo estaban colgando a él. Era evidente que su programa, ese que muchos vimos y que por fin nos mostró lo que realmente pasaba en Valencia, fue el detonante. El momento en el que todos, incluida yo, despertamos.
Porque hasta entonces parecía otra riada más, una más de tantas: unas casas con barro, unas calles sucias, la gente limpiando posando entre los charcos… Vaya, lo de siempre, si quieres un poquito mas dañina. Pero aquel programa nos abrió los ojos. Ahí vimos la realidad oculta.

¿Y oculta por qué? ¿Alguien pensó de verdad que esto no iba a salir a la luz? Venga ya.
Vale, somos un país de borregos, lo admito, pero hasta el más dócil de los corderos acaba oliendo el estiércol. Y mira que lo intentaron. Pero en serio, ¿pensabais que esto se iba a tapar como todo lo demás?. Esto no había cortina de humo de las habituales que lo tapara. Esto os quedaba demasiado grande.

Y hablando de incompetencia: a todos esos asesores que comen de este rebaño, un aplauso. Sois únicos. Perdisteis la oportunidad de que vuestros jefes quedar mejor que los Avengers. Podían haber sido héroes nacionales: “¡Salvemos Valencia! ¡Salvemos a las personas!” Fotos de los principales políticos con botas, palas y barro hasta por los ojos, aunque solo hubieran ido para la foto, pero con toda la artillería detrás haciendo el trabajo. Y el pueblo os habría seguido. Os habrían defendido a muerte. Pero no. Estáis tan obsesionados con el “y tú más”, tan perdidos en el barro de vuestra propia trinchera, que no se os ocurre que también podríais destacar por hacerlo bien. No, eso sería demasiado trabajo ¿verdad?, y claro, para eso no hay bonus. Así que mejor no hacer nada y lanzar los muertos hacia el otro lado. Si necesitan ayuda, que la pidan.

Así que no, a mí no me vais a engañar con relatos nuevos. No va a funcionar vuestro sistema orwelliano de reescribir lo que pasó. Para otras cosas tendré la memoria de un pez, pero para esto queridos… para esto tengo una memoria prodigiosa.

Y no, no activasteis al grueso de la UME. No dejabais ir a policías, bomberos y soldados que lo pedían y suplicaban a sus superiores, los retuvisteis. Por no dejar, no dejasteis ni que vinieran de otros países que veían vuestra ineptitud.
Y dejasteis que los pocos supervivientes que aún podían ser salvados murieran. No por torpeza, que también, sino por algo peor: por maldad.
Porque así podríais echaros los muertos a la cara unos a otros, como quien juega al mus.
Ese fue vuestro pensamiento. No engañáis a nadie.

Y ahora veo ese documental, “Operación DANA”, y se me revuelven las tripas. Esta mañana para contrarrestar he visto “Riadas”, porque no daba crédito a lo de anoche.
Sí, ya lo sé, soy obsesiva, qué sorpresa. Pero tenía que asegurarme de que no estaba loca.

Y al verlo, me vinieron a la cabeza los verdaderos héroes: los voluntarios. Esa gente anónima que fue a ayudar sin cámaras, sin uniformes, sin órdenes. Los empresarios que llevaron sus máquinas. Los agentes, soldados y bomberos que fueron en sus días libres.
Ellos, sí. Ellos salvaron vidas.

Y claro, ¿cuál fue la recompensa? Amonestaciones, broncas, multas. Los empresarios, sancionados. Los que ayudaron, castigados. Porque claro, como no estaban bajo su mando, había que darles un escarmiento. No fuera a ser que el pueblo descubriera que puede funcionar sin su beneplácito.

¿El fin? Buena pregunta. Yo todavía lo busco. ¿De verdad pensaban que la gente se iba a olvidar? ¿Que los pueblos se pudrirían y todos miraríamos para otro lado? A veces pienso que la estupidez política debería cotizar en bolsa: batiría récords.

Y de ahí salió aquella frase que tanto les corroe las tripas: “Solo el pueblo salva al pueblo.” Una frase que, para muchos, se convirtió en verdad absoluta. Y claro, eso… les molestó, les comía por dentro. Ver a miles de personas organizándose, ayudando “por la cara”, debió de sonarles a sacrilegio.

Así que hicieron lo que mejor saben hacer: dividir, diluir y desactivar. Esa fuerza popular había que aniquilarla desde la raíz. Y lo lograron, vaya que si lo lograron, es lo único que se les da bien, con su maquinaria del fango que llaman ellos: “la culpa es tuya”, “no, la culpa es más tuya”, y así, sucesivamente, mientras los de siempre, los zombis con panza agradecida, repetían sus mantras por toda la sociedad.

Y así fue como “Solo el pueblo salva al pueblo” acabó devorado por la trituradora política.
Como todo lo bueno que pasa en este país.

Y aquí estamos, un año después. Nadie ha asumido nada. Nadie ha propuesto una solución. Todo sigue igual. Mano sobre mano y mucho discurso vacío. Dios qué rabia.
Un año tirado al barro, nunca mejor dicho, con toneladas de mierda lanzadas de una trinchera a otra. Ese ha sido todo el trabajo realizado desde arriba. Eso si, ya estamos todos divididos entre el rojo y el azul.

Y luego, otro tema. A mí la lotería no me toca, ni me tocara, pero todas las mierdillas me tocan todas, en este caso, las encuestas del Gobierno. No sé si es suerte o castigo.
En la última, estaban muy interesados en conocer mi “percepción de los políticos”. Qué tiernos. Querían saber si tiraba más a la izquierda o a la derecha, a quién iba a votar y
cuáles eran, según mi óptica, las principales preocupaciones de los españoles.

Pues mira, os voy a responder aquí, ya que en la encuesta no me dejabais salirme de vuestros ridículos parámetros. Unos me llaman facha, otros me llaman roja, así que ya ni sé. Yo me considero una persona lógica. Algo tan simple y tan poco común que casi suena subversivo. No me vendo a ningún color, porque no vivo de ellos.

Mi percepción de los políticos… ¿Cómo te lo digo sin que me censuren? Escoria, egocentrismo, psicopatía. Una mezcla difícil de superar. Es que no existe en castellano una palabra que me aglutine lo que pienso de ellos.

¿Que a quién voy a votar? Jajajaja… ¿En serio? ¿Queréis que elija entre la mierda cuál huele menos? Pues no, gracias. Si encuentro un desatascador, me engancharé a él como a un clavo ardiendo. A Bukele, por favor, que le hagan español.

¿Y la principal preocupación de los españoles? Eso es fácil: que no suspendan el partido de fútbol o el concierto del Manolo de turno. Saber si esta noche ha ganado la Revuelta o el Hormiguero. Que no falte cerveza fría en el bar de abajo.
Porque ya se sabe… mientras haya pan y circo, el barro puede esperar.


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