El Arte de No Pensar: Manual del Sistema Educativo Español
La educación en España, ese hermoso experimento que no sabemos si es un sistema educativo o un remake de la ovejita Dolly. Seguimos con los mismos métodos de cuando mi abuela iba al colegio con su pizarrín de piedra. El maestro, cual oráculo del saber absoluto, suelta su monólogo en el púlpito mientras los alumnos, obedientes y dóciles, memorizan cada palabra como si fuese la fórmula de la Coca-Cola. ¿Entender? ¿Analizar? Venga ¡Por favor! Eso ¿Para qué?. Aquí el que mejores notas saca no es el que piensa, razona o aporta algo nuevo, no, no. Es el campeón del ctrl+c – ctrl+v mental, memorizar como si no hubiera un mañana, que después del examen suelta todo lo aprendido en la papelera de reciclaje de su cerebro. ¿Qué era eso de la Guerra Fría? No sé, ni idea, pero mira qué bien me ha salido este reto de TikTok.
¿Pensar? ¡Qué va! Eso de enseñar a razonar está claramente sobrevalorado. El sistema no necesita mentes críticas, busca ovejitas obedientes que no cuestionen nada. Mira que si a alguno le da por pensar, podría darse cuenta de que está en un redil y entonces querer salirse. ¡Acabáramos! Así que mejor que todos vayan al mismo ritmo, como una cadena de montaje educativa. ¿Que alguien es un genio en matemáticas? Da igual, que baje la marcha, no vamos a ir más rápido, no vaya a ser que al resto le entre un ataque de ansiedad. ¿Que otro es un Mozart en potencia? Olvídate, eso del artisteo es para vagos y maleantes, que aquí lo que se premia es ser útil, no creativo. ¿Que otro tiene alma de escritor? ¡Vade retro Satanás! Que escribir puede llevar a pensar demasiado, y eso trae problemas. ¿Que a alguien le apasiona la filosofía? Shhh, de eso no se puede hablar. Ya casi la han erradicado del sistema. No queremos filósofos, por favor, que luego empiezan con preguntas incómodas como "¿por qué vivimos así?", "¿quién decide qué es lo correcto?" o "¿qué es la verdad?". ¡Herejía!. Eso es terreno peligroso; la filosofía está reservada para los días de lluvia y las cafeterías de hipsters.
Y si pensabas que este desastre tiene arreglo, no te emociones. Porque aquí, cada vez que cambia el color del gobierno, cambia también el sistema educativo. Como si la educación fuese una pizarra que borramos y reescribimos cada cuatro años, dependiendo del gusto del partido de turno. Porque si algo es tradición en este país es el "aquí mando yo y se hace como me salga de los huevos". Eso sí, hay dos cosas que nunca fallan, gobierne quien gobierne:
- Subirse el sueldo nada más entrar.
- Hacer que el sistema educativo sea cada vez más precario.
Total, ¿para qué invertir en educación? Mejor reducir las exigencias, no vaya a ser que los niños se frustren. Porque claro, esforzarse está pasadísimo de moda, ya lo harán en la fábrica, que los impuestos no se pagan solos. Ahora puedes pasar de curso con todas las asignaturas suspendidas, no vaya a ser que al niño le dé por deprimirse. Total, el esfuerzo ya lo hará más adelante, cuando esté pagando las deudas que trae de serie simplemente por haber nacido. ¿Y las notas? Tranquilos, que con el tiempo desaparecerán. ¿Qué tal un sistema tipo Pantone? un tono rosa para los que se lo han pasado bien, un tono morado para los que han tenido un mal día. Que nadie se traumatice, por favor!. Porque aquí hemos pasado de "la letra con sangre entra" al "la letra ni entra ni falta que hace". ¡Olé!
Así que aquí estamos, celebrando este maravilloso sistema que ni educa, ni fomenta el pensamiento, ni el esfuerzo y por supuesto ni prepara para la vida. Pero oye, eso sí, muy neutrales, muy inclusivos y sin traumas. Y mientras el mundo avanza a toda velocidad, aquí seguimos, en la retaguardia, debatiendo si es mejor un suspenso con lacito o un aprobado regalado. Pero no os preocupéis, porque cuando nos demos cuenta de que necesitamos ciudadanos que piensen, creen e innoven, quizás ya sea tarde y estemos todos mirando a oriente, esperando que nos salven los robots que inventaron en otro país.
Pero, eh, al menos tendremos nuestros bonitos arcoíris, ¿verdad? Porque si algo hemos aprendido, es que en España, más vale una oveja feliz y obediente que un lobo que cuestione el redil. ¡Larga vida al sistema educativo! Que no educa, oye, pero al menos entretiene. (Que hay que conciliar).
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