Especies humanas exóticas El otro día, me pasó algo... verás. Tuve que asistir a un evento en un auditorio. ¡Un auditorio! Ese lugar mágico donde la gente se comporta como si estuviera resolviendo un escape room, pero sin pistas ni voluntad por vivir. Yo, puntual como un reloj suizo que se cree británico, llegué pronto. Y mientras esperaba, me puse a hacer lo que cualquier persona normal y ligeramente chismosa hace, mirar el móvil? Nooo, observar. Me puse como si fuera el mismísimo Félix Rodríguez de la Fuente en un capítulo de “El hombre y la tierra” "Y aquí vemos al humano moderno, con entrada en mano, enfrentándose al desafío evolutivo de encontrar su asiento... sin usar el lenguaje articulado..." Porque por un lado llegaban los preparados. Los que traían su entrada en la mano como si fueran las escrituras de su casa. Miraban la letra minúscula de la entrada como si descifraran el Código Da Vinci: “Fila 7, asiento 14... bien… orientación noroeste, altitud 3 metros ...
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Conversando con GPT Cada día alucinando un poquito más, ¿no te pasa a ti también? O soy yo, o este país se ha convertido oficialmente en una tragicomedia de proporciones bíblicas. En fin, que yo, como bien sabéis, ya andaba con mi hartazgo bien fermentado y ese asquito generoso que me da todo lo relacionado con la clase política española, un asco que ya me viene con denominación de origen, ojo, cuando, en un momento de inspiración desesperada, se me ocurre hacer lo impensable: preguntarle al ChatGPT . Sí, sí, al robot. Al algoritmo. Al ente de silicio con más sentido común que todo el Congreso de los Diputados junto. Así que le suelto, como quien no quiere la cosa: “¿Podrías hacerme una lista completa con todos los problemas y cosas que no están funcionando bien en España?” Y el bicho, con una educación exquisita (como si no acabara de soltarle una bomba existencial), me responde: “Claro, puedo ayudarte con eso.” ¡Ay, ingenua de mí! Pensé que me iba a tirar dos o tres co...
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Exportamos sentido común y nos quedamos sin stock Vamos a ver ¿alguien me puede explicar esto como si yo fuera tonta? Que seguro que lo soy, ¿eh? Es más, soy una pastora analógica perdida en un mundo de algoritmos, sin máster en geoeconomía cuántica ni cuenta actualizada en LinkedIn. Pero así, desde mi humilde ignorancia, me da la sensación de que estamos gestionando esto del mercado global como quien monta un mueble de Ikea sin instrucciones: con entusiasmo, pero con los tornillos en el riñón y la estantería colgando del techo. Porque, por lo visto, la lógica económica del siglo XXI se resume así: tú produces cosas en tu país, bien hechas, con cariño, fresquitas, con mimo, con manos de gente que cobra en tu moneda y vive en tu calle… y en lugar de consumirlas tú, ¡zas! Las vendes fuera. ¿Y entonces qué comes tú? Pues lo que venga de fuera, claro. ¡Faltaría más! Comer lo que tú produces… eso es de loser, de protohumano, de señora que aún lleva faja y va al mercado con carri...